Si le preguntas a cualquier jugador de la categorÃa Maxi por qué sigue compitiendo, la respuesta rara vez se limitará a los puntos anotados o los trofeos ganados. La verdadera magia del baloncesto de veteranos ocurre cuando los árbitros pitan el final del encuentro y ambos equipos se dirigen juntos al bar del pabellón o al restaurante más cercano. El «tercer tiempo» es una institución sagrada.
En este espacio, las tensiones de los bloqueos duros y las discusiones por una falta no pitada se disuelven entre risas y jarras de cerveza. Es el momento de la empatÃa: se comparten anécdotas de lesiones compartidas, se debate sobre la NBA y se crean redes de apoyo personal y profesional. El tercer tiempo humaniza la competición y demuestra que, por encima del resultado, lo que une a los jugadores es un estilo de vida y una pasión compartida que se niega a morir.